El envejecimiento de la piel, particularmente en el rostro, se caracteriza por muchos cambios en la piel, entre los cuales encontramos las arrugas, la decoloración, las manchas, capilares rotos y la pérdida de luminosidad. Pero nuestro rostro no solo delata nuestra edad por los cambios sufridos en la superficie de la piel. Otra de las características importantes del envejecimiento es la pérdida de firmeza. Cuando la piel debajo de nuestra barbilla y nuestras mejillas empieza a caer, es cuando muchas de las pacientes recurren a un lifting facial, lo cual no es de extrañar, porqué es reconocido que solo la cirugía plástica puede devolver el contorno a una piel sin firmeza. 

La piel en sí no es la responsable de la pérdida de firmeza por no ofrecer resistencia a la fuerza de la gravedad, es un tanto más complicado que esto. Cuando envejecemos, los precursores químicos y nutricionales que proporcionan tonicidad a los músculos empiezan a disminuir como resultado al daño continuo causado por la exposición continua a los radicales libres durante años. Cuando un cirujano plástico realiza una intervención para  estirar la piel, no se focaliza realmente en la piel en sí, si no en los músculos debajo de ella. El cirujano trabaja de forma profunda bajo la piel, estirando los músculos hacia su posición original, suturándolos para que cicatricen en una nueva posición. Por lo que el resultado global es una apariencia más joven, porqué el músculo aparenta haber recuperado su tono.

¿Por qué se descuelga el músculo? Cuando movemos un músculo del brazo, o contraemos los músculos del rostro para sonreír, se transfiere una señal a lo largo del nervio hasta el músculo que ha sido activado. En la terminación del nervio, en el bulbo, existe una reserva de químicos entre ellos la acetilcolina. El nervio no conecta directamente con el músculo, existiendo una pequeña distancia antes de contactar, a través de la cual, se liberan una serie de químicos, entre los que incluimos la acetilcolina, que provocan la contracción del músculo. Cuando el nervio quiere indicarle al músculo que tiene que trabajar, el bulbo en la terminación del nervio libera rápidamente acetilcolina, lo cual actúa como un despertador neuromuscular, por lo que necesitaremos una liberación suficiente de acetilcolina en la base del nervio para que el músculo se mueva o se tonifique.

Como todos los sistemas del cuerpo, los nervios envejecen como resultado del daño producido por los radicales libres y por la carencia de una alimentación óptima.  Una vez que empieza el envejecimiento, la cantidad de acetilcolina producida, al igual que el efecto de los químicos en el músculo disminuye. Por lo que el único modo de revertir el proceso  -proporcionando una mayor contracción del músculo y una piel más firme- es, entonces, incrementando los niveles de acetilcolina activa en nuestro cuerpo. Lo cual se puede lograr mejorando nuestros hábitos alimentarios y utilizando DMAE (Dimetilaminoetanol) de forma  externa. Los resultados  serán mejor estado de salud general y un aporte nutricional óptimo para la piel.

Una de las fuentes nutricionales más ricas en DMAE es el pescado -por ello se le ha denominado durante décadas el alimento del cerebro.  El DMAE incrementara los químicos en el sistema nervioso central, el cual nos ayuda a pensar con mayor claridad.  Pero, aplicado tópicamente, el DMAE, aparte de ser un principio activo del todo seguro y tener un elevado poder antioxidante, actúa reafirmando la piel de forma instantánea y duradera.

The wrinkle cure by dr. Nicholas Perricone.